Así educan los palestinos a sus niños

26/Jun/2017

Infobae, Por Julián Schvindlerman

Así educan los palestinos a sus niños

Días atrás, el presidente de la Autoridad
Palestina (AP), líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)
y titular del movimiento Fatah, Mahmoud Abbas, envió una carta, escrita en
árabe, al Congreso Judío Latinoamericano (CJL) en Buenos Aires en la que
felicitaba una iniciativa de diálogo interreligioso entre musulmanes-palestinos
y judíos que esta organización promovió. «Nosotros incentivamos este tipo
de nobles iniciativas que aporten a la promoción del diálogo y lazos entre las
culturas y las religiones», escribió Abbas, «Hemos propiciado varios
aportes en esta área». Si tan sólo eso fuera cierto.
Lejos de promover lazos entre culturas y
religiones y de propiciar aportes, la AP, la OLP y Fatah, que él comanda,
incesantemente incitan contra los israelíes, los sionistas y los judíos en la
currícula educativa y la prensa oficial palestina. Apenas unos días antes de
esta carta, el ministro de Educación palestino, Sabri Saidam, posteó en su
Facebook una reacción al asesinato de una joven soldado israelí en Jerusalén:
«Que Alá tenga piedad sobre los mártires de Jerusalén y toda
Palestina». Por «mártires» se refería a los terroristas que la
apuñalaron. Abbas no lo repudió. De hecho, cuando estalló la «intifada de
los cuchillos», como se denominó al último brote psicótico colectivo
palestino pro asesinato de israelíes, el propio presidente palestino llamó a su
pueblo a derramar sangre por Al-Aqsa.
Según IMPACT-SE, una organización israelí
que estudia y traduce los textos escolares palestinos, la nueva currícula
oficial de la AP «es significativamente más radical que los currículos
anteriores». En los actuales textos educativos palestinos, oficialmente
sancionados por la AP, los niños de Gaza y Cisjordania pueden leer:
«Prometo que sacrificaré mi sangre, que saturaré la tierra de los
generosos y eliminaré al usurpador de mi país, y aniquilaré el remanente de
foráneos. Oh, tierra de Al-Aqsa y el Haram, oh, cuna de la hidalguía y generosidad
paciente, sé paciente pues la victoria es nuestra, el horizonte está emergiendo
de la opresión». Nuestro hermoso idioma, grado 3, vol. 2, 2016-17, p. 64.
Y también: «Oh, hermano, los opresores han excedido todos los límites, y
la jihad y el sacrificio son necesarios». Lecturas y textos, grado 8,
parte 1, 2015, p. 44.
Los textos escolares enseñan a los niños a
rechazar las negociaciones con Israel, a abrazar el espíritu del combate y a
convertirse en mártires. Mensajes como «el volcán de mi venganza», la
definición de Palestina como el «territorio ocupado en 1948», año del
establecimiento de Israel y ejemplos aritméticos empleando cantidad de mártires
muertos son comunes. La conexión judía con Jerusalén es ignorada y la historia
de su fundación, tergiversada: «Jerusalén es una ciudad árabe construida
por nuestros antepasados árabes hace miles de años. Es sagrada para los
musulmanes y los cristianos». Educación nacional y socialización, grado 3,
vol. 1, 2016-17, pág. 28.
La currícula educativa palestina entró en
vigencia con la firma de los Acuerdos de Oslo, en 1993 y el establecimiento de
la Autoridad Palestina, al año siguiente. Ya entonces los israelíes y los
judíos eran caracterizados como «engañadores», «animales
salvajes», «ladrones», «enemigos de los profetas y los
creyentes» y «conquistadores». Israel era presentado como
«una provocación al mundo árabe», una «administración judía
racista», el «enemigo sionista» y «Palestina ocupada».
En el libro Educación islámica, grado 7, p. 19, los niños debían responder a
esta consigna: «¿Por qué odian los judíos a los musulmanes y quieren
causar división entre ellos? Dé un ejemplo de los malditos intentos de los
judíos, tomados de eventos actuales». En Nuestro idioma árabe, grado 5, p.
67, se podía hallar esta enseñanza: «Recuerda: el resultado final e
inevitable será la victoria de los musulmanes por sobre los judíos».
No exactamente una educación hacia la paz.
Quien quiera entender la causa real de la ausencia de la paz palestino-israelí
debería comenzar por mirar qué tipo de enseñanzas han estado recibiendo los
niños palestinos por casi un cuarto de siglo.
Las exclamaciones de Mahmoud Abbas
favorables a la coexistencia, pronunciadas en su carta al CJL, son un fraude.
Es, por lo menos, su segundo engaño público en lo que va del año. Cuando visitó
la Casa Blanca, el pasado mayo, aseguró, en presencia del presidente de los
Estados Unidos, en su conferencia de prensa conjunta: «Estamos criando a
nuestra juventud, a nuestros hijos y a nuestros nietos en una cultura de
paz». Donald Trump lo visitó en Belén tiempo después y, según una noticia
muy publicitada en la prensa israelí, le increpó a Abbas a los gritos:
«¡Usted me engañó en DC! ¡Habló de su compromiso con la paz, pero los
israelíes me mostraron su participación en la incitación!». Se informó que
el presiente palestino permaneció en silencio durante varios minutos.
La mitomanía política del presidente
palestino deja en un lugar incómodo a la familia de las naciones. Pues, como
bien dice el refrán en inglés: «Si me engañas una vez, la vergüenza está
contigo; si me engañas dos veces, la vergüenza es mía».